La mancha de los adioses
Isabel Steinberg
noviembre 2012
80 páginas
64 pesos

ISBN
978-987-1598-45-8

El eje de la novela está en esta frase: “Recobrar: recordar la memoria.” Ese recobrar ligado al recordar una memoria. Si lo seguí bien, lo conmovedor acá es esa decisión de recordar la memoria, y lo que eso abre a lo desconocido.

Me identifico con esta frase: 

“Negra, pobre y judía. Mala yunta. Mala yunta para tener seis años y vivir en un conventillo de Buenos Aires en el año mil novecientos veintiocho.”

 Conventillo es una cosmovisión de infinitos.

Y esta otra  es otro eje:

 “Veo la diferencia entre pasado, presente y futuro. Pero no veo separación entre estos tres aspectos del tiempo uno. Pasado, presente y futuro son cosas que existen desde el punto de vista de algún observador individualizado y ubicado precariamente en algún punto específico (pero no inmóvil) de la línea de tiempo cronológico.

Por lo tanto el llamado “pasado” está siempre presente, así como el llamado “futuro”. Y el pasado está vivo. Su influencia es dinámica. Y nos trae nuevas lecciones a cada día –si tenemos ojos para ver.”

 En el relato todo está en los ojos, en la visión del ojo que escucha como diría Claudel y en esa decisión de abrir la visión (voy a poner a un santurrón como Claudel con el zeide Zuny, finalmente se hubieran llevado bien: Claudel decía el ojo escucha).

 Hugo Savino