La plancha de altibajos
Carlos Martín Eguía
marzo 2006
280 páginas
48 pesos

ISBN 10: 987-9409-56-5
ISBN 13: 978-987-9409-56-5

“Sí, la cuestión era fulera. Pegar constantemente coletazos para no ser un plato comido. Había distintos momentos en esa mañana mortificada pero yo ciego como un fanático los nivelaba, una hilada interminable de bloques, de explicaciones, que decir que Mito perseguía la felicidad era ponerme en situación de melancolía, por lo escurridiza que es la felicidad, tanto o más que la buena literatura, que no quería terminar haciendo de la memoria de Mito otro plato para ser engullido, que no quería jugar más con fuego porque me había quemado y ese día el mundo me había mirado a través de la ventana con una inmerecida incomprensión, sí señor, inmerecida. Me había ladrado, el mundo, con esa cara de rottweiler, sin una puta gana de tirarme algo que no fuera un tarascón, me había mirado con ganas de crear más espacio libre, con ganas de devorarme cuanto antes, para no estorbar con mi debilidad en un paisaje que debía elevarse con seres fuertes y victoriosos, líderes de mercado, como los dueños de ese cánido rabioso que se había comido a mi amigo y que quería también masticarme a mí para que no hinche más las pelotas con la música de mosquito esperando el milagro.

 

Un hombre hace la plancha y se aleja de las costas argentas donde se recalienta la arena aderezada por el bronceador. En tierra, queda su mujer, su potencial familia y todo lo que debería ser para convertirse en alguien: un poeta famoso, un autor de éxito, todas boludeces. Y mientras se pierde en la deriva del mar le salen a su encuentro las criaturas de las profundidades, unos tiburones aresnescos y copescos que lo incitan a narrar: Eguía está de vuelta, después de la gloriosa Errantia –novela casi secreta que pasó de mano en mano hace un lustro– para poner en escena un múltiple coro de voces que hablan una vez más del sonido y la furia.

Fabián Casas