• Vestigios

    Cristina Siscar

  • Isbn: 978-987-4170-67-5
    88 págs.
    13x20cm
    septiembre 22

Un papelito rosa, el aviso de cierto correo privado que no encontró en casa a Rita, la destinataria de un sobre, es el detonador de una trama secreta que se va develando en lento saboreo. Si bien en un principio solo asoma el recuerdo de una frase: “Tienes que querer a mi país como yo quiero al tuyo porque es tuyo”, eso basta para ir desenmarañando aquello sepultado en la mente de la protagonista. Lo demás será el moroso vaivén de un tiempo hecho de grumos, de postergaciones, fruto de la casi imposibilidad de ir en busca del sobre que la espera. ¿Hay motivos? Los iremos conociendo por goteo, y son gotas densas de un saber-no-sabido. Porque Vestigios se lee como una historia escrita a mano alzada que delinea la orilla donde late lo inefable.

El calor abruma, la ciudad concreta se derrite ante nuestros ojos, lo por siempre negado surge de a ratos que no por fugaces son menos desazonantes. Espeluznantes algunos. Hay trazos, hay residuos (vestigios), estratos que parecerían inmersos en una bruma lúcida que nos transporta hasta el fondo de los tiempos.

“La realidad se había vuelto una construcción provisoria. Una avalancha de sucesos triviales y graves, a punto de convertirse por igual en desechos y al instante en olvido, sepultaba cada día lo acontecido ayer. En ocasiones, sin embargo, algún suceso del pasado, que afloraba de pronto, hacía retroceder lo mas reciente y abría una brecha en el fárrago cotidiano, pero mostrándose de un modo nuevo y todavía indefinido, como algo que estuviera ocurriendo por primera vez o que apenas empezara a vislumbrarse.”

Napas y más napas de una fascinante espeleología de la memoria humana, verdadera caja de sorpresas.

Cristina Siscar es el secreto mejor guardado de la literatura argentina actual, y Vestigios es su obra maestra.

Luisa Valenzuela


Cristina Siscar

nació en Buenos Aires. Es narradora, poeta y ensayista. Desde 1980 hasta fines de 1986 vivió en París, donde apareció su poemario Tatuajes (1985), en edición bilingüe. En Argentina publicó los libros de cuentos Reescrito en la bruma (1987), Lugar de todos los nombres (1988), Los efectos personales (1994) y La Siberia (2007); la nouvelle Las líneas de la mano (1993); las novelas La sombra del jardín (1999), El río invisible (2017) y País de arena (2018); y el ensayo El viaje. Itinerarios de la lectura (2003). También compiló y prologó cuatro antologías de relatos: Violencia. Visiones femeninas (1993); Los viajes (1994); Varados (1996) y El lenguaje de las cosas en la literatura del siglo XX (2001). Como cuentista mereció premios de la Fundación Konex y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, y obtuvo la Beca de Creación del Fondo Nacional de las Artes. Algunos de sus textos fueron traducidos al francés, inglés, italiano y alemán, y han sido incluidos en numerosas antologías en Argentina, Puerto Rico, Estados Unidos, Francia, España, Italia y Alemania.